Crónica de Chiapas.

Pasamos gran parte del mes de Octubre en el estado de Chiapas.

Después de un largo día de bus en bus, huyendo de las réplicas sísmicas, por una cómoda autopista transitada de enormes camiones, llegamos a Tapachula.

Una ciudad fronteriza y muy comercial: muchos Guatemaltecos van a sus tiendas y supermercados, México es en general más barato a la hora de comprar. Una ciudad en plena expansión, donde Chinos, Arabes y gentes varias que atraviesan la frontera hacia el Norte buscan nuevas oportunidades. Eso sí, les toca aguantar un clima húmedo y caluroso todo el año. Estamos en el Chiapas costero y tropical (ruge el Pacífico en sus playas negras), con sus inmensos cultivos de caña, palma, bananeras, mangos. Tierras fértiles al pie de volcanes de 4.000 m en la frontera tan cerca del mar, tierras cafetaleras. Pero aunque México produce café, no es común su consumo, como nos lo contaba Fanny, nuestra linda couch, apasionada por la bicicleta y esta bebida que la trajo de Guadalajara a Tapachula a estudiar.

Seguimos hacia una frontera rural, cuestión de renovar nuestra estancia en México. “- Tenemos que estar 72 horas fuera, ¿verdad? – Sí, pero si me dan 1.000 Pesos (50€) cada una, lo tramito por vía urgente". No quisimos fomentar la corrupción, así que preferimos pagar hotel y quedarnos esos días descansando en la frontera. Cobran una tasa de salida del país de 500 Pesos y no dan recibo, así que nos quedó la duda de si realmente la registran de forma oficial. Así es la corrupción en México, a todos los niveles, directa y sin pudor.

Para nuestra gran sorpresa, no existe control migratorio alguno entre México y Guatemala, por lo menos en esta frontera de La Línea y La Mesilla y en la fecha en que pasamos (no como en el resto de fronteras bien controladas de Centro-América). La gente pasa y ya. Cientos de puestos con ventas de textil y cacharrería varia, con un ir y venir de personas entre los dos países.
“¿Tienen algún problema con la migra?” nos preguntaban los vecinos, extrañados de vernos varios días por el pueblo. Y es que nos quedamos 3 noches en Ciudad Cuauhtémoc (de ciudad nada, son tan sólo unas pocas calles), frente a la Migración de México, que no deja de ser curioso, queda a 3 km de la frontera física, con decenas de taxis a la espera. Y continuamos ruta por México con un nuevo sello de 180 días en el pasaporte.

Hay mucha agua que baja de la Sierra de Chiapas hacia las partes bajas tropicales. Disfrutamos de los Lagos de Colón y de las Cascadas de Chiflón, en centros eco-turísticos muy bien montados y cuidados, previo pago de una pequeña entrada. Ya lo vimos hace unos meses cuando recorrimos Palenque desde el Golfo de México, con la selva y las cascadas cristalinas. Hay mucho turismo comunitario por Chiapas. Algo le queda a la gente, como a la familia que nos alquiló por 100 Pesos (5€!) una habitación. La vida es barata y siguen conservando sus cultivos y trabajos varios.

Dejamos la  zona tropical para ir subiendo por la sierra, siempre por buenas carreteras en las zonas más pobladas y transitadas de Chiapas.
Paramos en Comitán, una ciudad donde la vida transcurre tranquila, como nos contaban nuestros jóvenes couchs. Y llegamos a San Cristóbal de las Casas.

Seguro has oído hablar de San Cris, los Zapatistas con el Subcomandante Marcos y Chiapas, al menos te sonarán si viviste la actualidad mediática de los 90s. Posiblemente fue más el ruido internacional, con la llegada de ONGs, que las soluciones reales para la gente indígena, aunque quedan pequeñas comunidades rurales zapatistas (Caracoles), regidas por otras reglas, incluso alguna con tours turísticos.

Poco queda de esa época reivindicativa y del EZLN, más allá de una sede cerrada con la bandera estrellada al viento. Hoy San Cristóbal es una ciudad de casi 200.000 habitantes que ha conservado aroma de pueblo colonial y es la gran base del turismo de Chiapas. Mexicanos de fin de semana y vacaciones (con vuelos baratos a la vecina Tuxtla), viajeros por la clásica ruta del sur de México (con Caribe y Oaxaca), mochileros de paso a Guatemala (muchos se quedan semanas haciendo algún voluntariado en hostales), hippies asentados con negocios varios. Y sobre todo un desfile de mujeres indígenas, ataviadas con sus trajes tradicionales y rodeadas de niños y ancianas.

Porque es en San Cris y los pueblos altos de las sierras de los alrededores (a más de 2.000 m, entre fríos montes de pinos) donde se han conservado tradiciones, idiomas y vestimentas. Es la zona más indígena de México (al estilo de la vecina Guatemala). Pero también hay un lado muy turístico, hay hoteles en cada cuadra del centro y agencias vendiendo tours. 
Como en Chamula donde te cobran por entrar a la iglesia para ver las ceremonias, el “sincretismo religioso”, mientras los hombres beben garrafones de Pox (un aguardiente local). 

Dicen que hay muchas mafias que “explotan” a toda esta gente, miles de personas, vendiendo, pidiendo, trabajando largas horas en las calles. Una cara de la pobreza que sólo se ve en San Cris y es la imagen que se llevan los turistas, lejos de la realidad, variedad y tranquilidad de otras zonas de Chiapas.

Como nos contó Omar, nuestro couch, socio de un par de restaurantes familiares de caldos y que nos invitó a degustarlos. Tonificantes en este clima fresco de montaña.

Lo cierto es que los indígenas le dan colorido a la zona y es interesante pasear por el mercado bien auténtico, rural y completo en este mundo global. Y caminar entre la gente una y otra vez por los concurridos andadores, de día y de noche, porque no hay tanto para ver en San Cris y más con las iglesias y edificios antiguos cerrados tras el terremoto.


Bajamos 1.500 m hasta la llanura caliente que rodea a Tuxtla Gutiérrez, la capital de Chiapas, una ciudad moderna que ya alcanza medio millón de habitantes (todo es grande en México). Claudia, nuestra couch, nos comentaba que no había tanto para hacer. Pero disfrutamos y paseamos mucho juntas, era fin de semana.

Fuimos a la parte alta del impresionante Cañón del Sumidero. Hay una carretera con miradores o puedes pasear en lancha por el río como hacen miles de Mexicanos (les encanta ponerse un chaleco salvavidas y pasear en tours).
Recorrimos el zoológico de Tuxtla con fauna Chiapaneca (es gratis el martes), nos acercamos a la concurrida Plaza de la Marimba, donde todas las tardes tocan grupos y los lugareños acuden a bailar, incluso hay una Reina de la Marimba. Acudimos al mercado colorido de un pueblo cercano a desayunar con la familia de Claudia.


Fuimos a un botanero, un enorme recinto que estaba repleto de gente, con música en directo (tipo banda), entre un desfile de cubetas de cerveza fría y botanas varias (platillos para picar). 
Comprobamos una vez más que a México le va la fiesta y la parranda! 
Gracias por todo Claudia!

Adios a Chiapas! Uno de los estados más variados de México, en clima, paisajes y cultura. Una larga noche de bus nos llevaría hasta la Costa de Oaxaca. Próximo episodio!


Ilustramos la crónica con el ALBUM DE FOTOS DE CHIAPAS.

Comentarios

  1. Edgardo Azabache01 diciembre, 2017

    Interesantes relatos de los lugares que visitan que nos dan ganas de estar por allá....voy a México en cualquier momento y seguiré alguna de las rutas de uds....sigo leyendo sus articulos muy interesantes con buenas fotos....UN abrazo a las dos.

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